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Bendecida con un suelo fértil y profundas vetas de oro aún enterradas, por muchos motivos la verde Myanmar está bien posicionada para recibir inversiones extranjeras.

Pero hay un inconveniente: está dividida por la guerra civil más larga del mundo, un conflicto que enfrenta a las tropas militares y los Karen, una tribu mayoritariamente cristiana que tiene lazos con EEUU.

Pero incluso seis décadas de guerra probablemente no impidan que la explosión de desarrollo que empieza a vivir Myanmar llegue a esas montañas plagadas de minas.

Pese a la presencia de un ejército de resistencia de 6.000 soldados, ya hay numerosos planes con los ojos puestos en las tierras Karen. Entre ellos las “zonas industriales” del Gobierno, unas lucrativas plantaciones de caucho y canteras para extraer minerales de gran valor.

Además, se prevé que en los próximos años habrá carreteras uniendo las tierras Karen con un puerto de 50.000 millones de dólares, a donde llegarán cargamentos con destino a todas las grandes ciudades del sureste asiático.

Los líderes de la etnia, sin embargo, tienen un mensaje para los inversores interesados, tanto nacionales como extranjeros. “No estamos preparados”, dice Hla Ngwe, co-secretario de la Unión Nacional Karen, la rama política del grupo. “No se puede pescar en aguas revueltas”.

Pero por el momento, en medio de unas frágiles conversaciones de paz con el Gobierno, las multinacionales no son bienvenidas.

Pero permanecer alejado de Myanmar ya no está de moda, puesto que gradualmente se está convirtiendo en un destino muy elegido no sólo por las grandes empresas, sino también por miles de viajeros de todas partes del mundo.

Vía: La Información
Imagen: El Mundo