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Los Rohingya son un grupo étnico de mayoría musulmana asentados principalmente al norte del estado de Rakhine, nombre oficial del estado de Arakan, en la frontera entre Birmania y Bangladesh. Su origen es incierto y parece haber sido un grupo muy móvil entre los territorios que actualmente conforman estos dos países.

Esta ha sido una de las principales razones por las que su ciudadanía es rechazada por ambos gobiernos, que se acusan mutuamente de no reconocer a unos ciudadanos que son del otro país. Su idioma es además similar al bengalí y sus rasgos también, lo que han ayudado a que sean vistos como inmigrantes bengalíes ilegales en Birmania.

Durante los últimos meses se ha especulado sobre cómo los conflictos étnicos, en un país con más de 130 minorías diferentes, podrían afectar al proceso. El interés se centró principalmente en la zona karen, al sureste del país, y en el estado kachin, donde ha habido enfrentamientos abiertos durante el último año.

Pero pocos pensaron en los roginhya. Hasta el pasado mes de junio, cuando la tensión racial explotó en el estado Arakan, al oeste del país. El 3 de junio un autobús fue atacado y 10 musulmanes fueron apaleados hasta la muerte por varios rakhine, etnia budista mayoritaria en la región y cuyo nombre tomó la junta militar para cambiar oficialmente la denominación del estado por la de Estado Rakhine.

Fue el detonante directo de una oleada de enfrentamientos en los que, según las autoridades, han muerto unas 80 personas y miles de casas han sido incendiadas. Sin embargo, los grupos de derechos humanos aseguran que las cifras son mucho mayores. En un reciente informe publicado por Human Rights Watch, la ONG asegura que las cifras han sido “subestimadas de forma importante” y que al menos 100.000 personas han sido desplazadas por los conflictos. Por su parte, Amnistía Internacional ha denunciado que la violencia es principalmente unilateral y está dirigida hacia los rohingya.

Pero no es la primera vez que los rohingya sufren persecuciones y Naciones Unidas los considera como uno de los grupos étnicos más perseguidos del mundo. Desde 1982, son un pueblo apátrida ya que la ley birmana les deniega la ciudadanía.

Vía: Miradas de Internacional
Imagen: Steph